ISABEL HERGUERA

Roma, 3 de mayo de 2020

Interview

¿Cómo estás viviendo el confinamiento, ha influido esta circunstancia en tu proceso creativo?

Cuando comenzó el confinamiento estaba en Italia y coincidió con el periodo de vacaciones entre los semestres de la Academia en Colonia, donde doy clases. Entre que en el campo las condiciones del confinamiento son mucho más llevaderas que en la ciudad y que el curso se ha retomado tarde y con la limitación de que solo se pueden llevar a cabo las clases online, me he encontrado con una situación inesperada para trabajar en el proyecto que tengo entre manos. Durante las dos primeras semanas la concentración era desigual, pues la incertidumbre de la pandemia y la tragedia que estamos viviendo me creaba mucha inquietud. Poco a poco me he acostumbrado a desconectar de las noticias, lo cual hizo más fácil concentrarme. Me encuentro en la fase de producción del storyboard y de la animática de una película de animación, siento la presión del calendario de producción, pero por primera vez en mucho tiempo siento que dispongo de tiempo para hacerlo bien.  Conmigo se encuentran un animador que ha llegado de Calcuta justo el día antes de que se cerraran las fronteras en Italia, y mi marido, también colaborador de la película. Otros artistas que tenían que venir para trabajar con nosotros, no pudieron llegar. Su ausencia incrementó mi deseo de llevar a cabo el trabajo sí o sí.

Desde el punto de vista creativo, el confinamiento ha influido en términos de desarrollo técnico de la comunicación online. Lo que tenía que ser un trabajo presencial se ha vuelto un trabajo online. Por lo que concierne las clases en Alemania, he encontrado gran facilidad de comunicación y una mayor intimidad y disposición que de costumbre. En colaboración con otras escuelas de varios países del mundo (entre los cuales China), cada año – desde mayo hasta julio – llevamos a cabo un taller on-line en el que realizamos una película de animación siguiendo la lógica del juego del cadáver exquisito. Un grupo de un país escribe un texto que un grupo de otro país va a animar y que un grupo de otro país mas va a sonorizar, etc. intercambiando el trabajo de todos con todos. Participan, a parte de Alemania y China, México, Colombia, India, Lituania, Italia y España. Con la llegada de la pandemia hemos cambiado el tema que habíamos propuesto originalmente con la condición de aislamiento que estamos viviendo: el título del taller es: Diario del confinamiento. Ha sido muy revelador notar tantas maneras diferentes de sentir el confinamiento. En ellos encuentro intuiciones filosóficas o poéticas inesperadas, observaciones políticas y humanistas que alimentan también mi experiencia. He sentido una empatía y solidaridad universal en gente de todo el planeta que están viviendo las mismas angustias y deseos. De alguna manera resulta viejo y antiguo el lenguaje que se usa en la política y en la información en general donde todo se reduce a banderas, países, naciones, “patrias”, cuando por lo menos frente a un virus universal existe la oportunidad finalmente de abandonar todo tipo de banderas, identidades y demás tópicos nacionales.

¿Cómo crees que afectará esta situación actual al ámbito cultural?

Espero que la sociedad se haga más consciente de cuanto importante es la cultura, y en ella incluyo la ciencia, para la vida. Sin cultura, seríamos esclavos de necesidades primarias, viviríamos en la oscuridad. La cultura nos hace crecer, mejorar, nos indica oportunidades y caminos que podemos recorrer. La cultura nos hace responsables. Cuando se manifestó la pandemia en Alemania lo primero que hizo su gobierno fue invertir en cultura garantizando un sueldo a todos aquellos que ejercieran una actividad artística. Hoy en día, la cultura esta ofreciendo contenido a la población que quizás por primera vez en su vida está disfrutando de colecciones de arte, películas, performances, conciertos de una forma gratuita. Mi suegra se pasa horas mirando óperas, conciertos, obras de teatro, ballets que la RAI está transmitiendo desde hace dos meses. ¿Qué pasa con los artistas? En un plano personal y gracias a que tengo un trabajo estable, tengo el privilegio de no tener que preocuparme por el bienestar económico. Pero si esta situación hubiera ocurrido hace unos pocos años donde dependía de dar talleres y organizar eventos de animación en estos momentos estaría desesperada, sin dinero, sin perspectiva de trabajos…sin nada. El artista está abandonado, buscando formas en las que poder llegar a pagar las facturas. He notado que la oferta de los cursos online de arte ha crecido exponencialmente, que las propuestas de teatro, performances, radio, entretenimiento y cultura alternativa está llenando la red de maravillosas sorpresas. Artistas emergentes que abren las puertas de sus estudios y nos ofrecen la cercanía de compartir el proceso creativo desde sus espacios. El mundo de la cultura, en este momento de dificultad ha mostrado su generosidad, su disponibilidad, su responsabilidad. Ojalá que la sociedad sepa responder a esta generosidad con la misma intensidad, tomando más en consideración las urgencias cotidianas del artista: pagar facturas.

En fin: creo que el ámbito cultural ofrecerá mas cosas de forma gratuita afirmando el antiguo principio del arte público: compartir ideas, visiones, intuiciones, con cuanta más gente posible para generar un patrimonio colectivo, democrático y accesible. Para que esto ocurra, será necesario que se encuentren nuevas formas de sostenibilidad de la cultura protegiendo siempre y ante todo el punto central de toda política: la cultura ha de ser siempre independiente.

¿Transmitirías algún mensaje al mundo del arte?

Esta es una gran oportunidad para darle una vuelta a todo, para revolucionar el mercado, los escenarios y la actividad artística. Es un momento especialmente frágil, y a su vez puede funcionar como revulsivo, agitando las consciencias del que hace, compra, vende y disfruta del arte. No se trata de una mera cuestión política en manos de este o aquel partido, sino social, en manos de la entera sociedad, que al fin y al cabo somos nosotros, todos.